miércoles, 5 de agosto de 2015

Pare de sufrir I.

Para leer este post completo, primero debe memorizar detalladamente la siguiente imagen:
Ubique la vista en el puño en alto y el enervado gesto de unos ojos furiosos apuntando al cielo. (Sí bueno, los ojos no se notan, pero imaginemos.)

Ahora es su turno de imitar el gesto, levante el puño firmemente, fije sus ojos hacia su desportillado techo, frunza sus cejas pobladas, arrugue la nariz y comenzamos:

¿Qué te has creído vida, eh?
¡Sí, tú!, ¿crees que está genial ir aboyandome por cada esquina?
¿Te parece divertido ir maltratando el poco de cuerpo que aún conservo sin magulladuras, eh?

¿Cómo que no?, entonces que fue eso de mandar a probarme caramelos frutiácidos -que son de más sabrosísimos- para que me desencajaran la mandíbula al trabar de masticarlos.
Me la pase sin comer todo el resto de la tarde, pues solo pude abrir la boca al ancho de un dedo, ¿que cosa comes que tenga el ancho de un dedo? ¡ni siquiera una cuchara de papilla es de ese ancho!.

Y cómo sinó te bastara, luego se te ocurre ir regando charcos de aceite sobre aceras de piedra para que justo empiece caminar sobre ellos.
Osea, ¿sabes el tamaño del moretón que tengo en la pierna derecha luego de caer de un tirón al piso?, ¡no!, ¡pero que va a saber la vida de esas cosas!, qué va a saber de miradas burlonas e indiscretas en plena calle principal, ¡nada, no sabe nada!, y peor aún va a saber lo que es quitar esas manchas del pantalón jean color claro, no pues, ¡si la vida ni lavar sus calzones sabe!, no no, ¡la vida no sabe nada!, no sabe ni a que sabe las caídas, pero déjenme que me desahogue, que la cosa se pone mas buena.

Entonces así convaleciente como estaba, descubro que fue mi mano la que amortiguo la caída y que ahora tenía una raspada en parte del dorso de la mano. ¿Osea que ahora al teclear, todos tienen que enterarse que fui víctima de violencia callejara?, ¿osea que ahora cada vez que alguien baje la vista a esa mano alucinará la clase de rufían de cuatro esquinas que tiene al lado?.
Ok, está bueno, nada como un historial nuevo para espantar a los incautos.

Y si Doña Vida cree que no soy una  luchadora, tiene que enterarse que me pare en una y decidí continuar mi camino, arrastrando el poco cuerpo que me quedaba sano, cargando todas las compras que tenía y las que aún faltaban por hacer, para que al caminar lentamente, cruce en mi camino a una señora jalando un carrito a toda prisa -la primera abuelita acelerada que ví en mi puta vida-. El carrito tenía un extremo sobresalido que se incrusto en mi pierna izquierda, dando un golpe duro y seco ante el cual solo pude doblarme de dolor porque ni palabras me salían. ¡Sí!, ¡yo que tengo un verbo florido, me quede muda!, ¡muda!.

La señora apurada siguió su caminito, y ahí me quede yo, tratando de recuperar aliento entre la multitud que solo gritaba: "Muévete pues amiga, muévete.". Ya sobrepuesta, mande a callar a un par de "amigos" , mundo insensible y cruel, ante el cual arrastraba esas dos extremidades que antes solían llamar piernas.

Turbada por el dolor, revisé si tenía mas moneditas para poder subirme a un taxi -y así terminar de agonizar en casa- pero no, ya no tenia más que los contados centavitos para ir en bus.

Hora punta Vidita, ¿a que no sabías que eso es sinónimo de buses llenos?, ¡a que no!.

Con la mano que aún tenía servible tome el barandal superior del bus y me aferré a la vida, porqué el bus se alucinaba auto de carrera, justo de esos que se disputan la última vuelta para llegar primero a las banderitas cuadriculadas. Vamos a dejar un poco de caucho y humo en las pistas pues.

No sé cuanto duró el viaje, ni cuanta gente me aplasto para poder subir y bajar del bus, solo sé que no volveré a burlarme de la debilidad del que antes creía una extremidad inservible. Si algo lograste enseñarme vida, es que mi mano izquierda puede servir como ancla ante mares de pasajeros rellenitos, o esos que cargan medio muerto en una mochila a sus espaldas -ando envidiando ese medio muerto llevado a cuestas.-

Llegue a casa de mi prima y solo pensaba en caer a sus brazos: "¿Puedes cargarme?". le dije por el intercomunicador.
"Ya te abrí, sube tu solita". me dijo.

Vida cruel.

¡Entonces que te crees vida!, ¿que puedes ir tratándome como costal de trapo, no?.

No, no, no.

Te voy anunciando que mi garantía de fábrica ya caducó, que no tengo padres ni madres ni hermanas ni primas que recurran a mi socorro, ni amores a la vista que puedan cantarme "sana, sana colita de rana", mientras cariñosamente acarician mi pompa adolorida.

¡No!, ¡no los tengo!.

Así que no tienes excusa para ensañarte así conmigo, ¿oíste?, ¿oíste?.

Me alegro que asientas en símbolo de comprensión, sí, me alegro, pero acuérdate nomas que esta te la voy a devolver, sí, sí, sí.

Siempre suya, Doña Mary.


-Y como notarán esta crónica viene por volúmenes, así que ya les traigo mas dolor físico como para que aprendan a valorar esa coraza exterior, a las que unos llaman cuerpo.-



¡Paren de sufrir hermanos!, ¡paren de sufrir!.

- Está frase la invento el padre Pablo en base a mi historia, ¡a que sí!.-

6 comentarios:

  1. UF! pobre de ti!!!

    pero sí que tienes al menos un amor, eh??? yo lo leí, ya lo quitaste, pero lo recuerdo!

    jejeje

    besitos =)))

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    1. jajaja, no Lili, ese es solo un amigo, con el cúal aún no aclaré nada, así que sigue siendo amigo :)

      Besote!.

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  2. Sólo faltó que te mordiera un perro.
    Ves con cuidado, quizás el ciclo no es diario, sino de dos días o tres...

    Besos.

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    1. Jajaja, Es diario Torito, justo andaba sospechando quién pudo haberme salado así.... ¿quién podrá ser no?.

      ¡Beso!

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  3. Auch.... todo eso me dolió....
    Espero que ya estés mejor.
    Un abrazo!

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    1. No, aún no estoy mejor :(, pero ya me ando recuperando :).

      Otro abrazo mi Alex. :)

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