La cabra quiere aprender a confiar, pero no puede; porque por
alguna pequeña y estúpida razón siempre refuerzan su instinto de supervivencia
y autosuficiencia.
Siempre ah sabido moverse sola, sin confiar en el resto
porque nunca llegan a tener el grado de empatía y compromiso que ella le pone a
las cosas.
Pero –y siempre hay un pero- un día raro de eclipse lunar, se le
ocurre que puede probar en confiar en el resto, total ya va muy cansada de cargar
con todo, resolverlo todo sola todo el tiempo es agotador; ¡¿quién mejor que ella
para saberlo?!.
Entonces en este día rarisímo de eclipse, deja las riendas que le han encallado
el cuerpo de tanto llevarlas a cuestas, y por fin confía. ¡Oh sí que confía!.
Pero la cabra es muy tonta, no debería confiar, no en cualquiera.
Y ahí va la cabra tan ilusa y esta tan cansada que no podríamos juzgarla
por confiar de la manera inocente como lo hace.
Confía entonces en que un lobo desinteresado por la vida
pueda ayudarla; ¡oh pobre e ingenua cabra!.
En lo que debió confiar era en que comprensiblemente el apático lobo
la iba a traicionar, y en el primer momento de flaqueza volcaría cualquier tipo
de culpa en ella: "¡Es tu culpa por dejar las riendas a mi cargo!."- decía.
No podemos culparlo por su sinceridad.
Nuestra incauta cabra, corre desesperada intentado sofocar el
error, pero lo hecho, hecho está; y no le queda más que cargar con la culpa.
Ni siquiera sabe cómo, pero por alguna ayuda divina la cabra
logra corregir como puede el error; sin embargo no sele ilesa.
Reavivó la vieja cicatriz que cala casi hasta los huesos, la
cicatriz que lleva una vida recordándole porqué es mejor no confiar en el resto.
El resto solo sabe culpar.
Siempre ha sabido cargar
con esos dedos acusadores; y es así como lleva su hermosa cicatriz calándole los
huesos.
Por eso la cabra nunca debió dejar el monte, no debió siquiera pensar en confiar. La cabra siempre debe tirar para el monte de la desconfianza y autosuficiencia.
Confiar es para tontos y ella recordó de una agría manera que no debe ser ese tipo de tontos; la cicatriz palpitandole no le dejará olvidarlo.
-Es muy solo y triste tirar pal monte-.